Con esta frase se abre la caja de pandora de la vida en pareja de todo aquel que tenga un ordenador. Vaya por delante el tono irónico y divertido que pretende envolver esta entrada y espero que lo que escribo no afecte a mi vida sexual a corto plazo, pero me ha parecido un buen tema y como todos, ha surgido en mi mente como un chispazo sin quererlo.

Y es que, cuando tu pareja trata de utilizar tu ordenador y está bloqueado, no sé que mecanismo mental se dispara en su cabeza, o si lo hacen con mala o buena intención pero la pregunta surge de su boca con una naturalidad que asusta.

Cariño, necesito el ordenador para ………………….. ¿Cual es tu contraseña?

Y tras oírlo la miras con la esperanza de que se trate de una broma, pero por desgracia para ti no lo es. Realmente lo dice en serio y a juzgar por la seguridad de su mirada quiere que se la des. Da igual que detrás de esos caracteres esté la poca intimidad que te queda, tus cuentas bancarias y la posibilidad de parar la emisión de la tele canaria. Te la ha pedido y está ahí plantada, con las manitas en el teclado esperando a que se la des letra por letra.

Tras desengañarte y ser consciente que la cosa va en serio, comienza la fase B. La pelota está en tu tejado y has de ser ágil de mente y contestar rápido. Cada segundo de silencio cuenta y has de tomar un decisión sobre cual será tu respuesta. Has de tomar la decisión sobre qué rol vas a adoptar. Existen varias posibilidades.

  • Pagafanta’s Rol: Se la das. Renuncias a tu dignidad digital y la cantas como un pajarito. Te autoengañas pensando en la sinceridad y el compromiso pero en el fondo sabes que eres un gusano sin personalidad. Al menos vuelve a cambiarla en un par de días cuando no te vea.
  • Forrest Gump’s Rol: Tratas de convencerla de que no la recuerdas. Se la deletreas mal a posta e incluso escenificas que tu mismo la escribes y que te deniega el acceso. Incluyes una patética cara de tonto sorprendido rascándote el mentón que no colará. Si optas por esta estrategia no tienes la más mínima posibilidad de triunfar y estás ante varios días de silencios incomodos y preguntas incontestables.
  • Juan Tamariz’s Rol: Sácate algo de la chistera. Trata de distraer su atención con algo de manera urgente. Enséñale algo que le guste. Algo dulce, una prenda de vestir. Invítala repentinamente a cenar, o proponle eso a lo que siempre te has negado. Trata de que se olvide del tema pero que no sea muy evidente. Aunque las posibilidades de éxito son escasas, puedes salir mejor parado que la táctica de la amnesia.
  • Fernando Fernan-Gomez’s Rol: La mejor defensa es un ataque así que escandalízate. Muestra tu nivel de indignación y pregúntale como es posible que te pida eso. Haz referencias sobre tu libertad personal y tu derecho a la intimidad, incluso cita a algo del Che Guevara o de William Wallace. Haz algún aspaviento que la descoloque y haz que se ponga a la defensiva. Sin duda habrá daños colaterales pero es una táctica que suele tener éxito si tu objetivo es que tu contraseña siga siendo sólo tuya, aunque con un elevado nivel de bajas por ambos bandos.
  • Sean Connery’s rol: Pórtate como un caballero carismático y seguro de ti mismo. Reune todo el valor que tengas, respira hondo y esboza una sonrisa amigable. Saca tus encantos de seductor y explícale que la contraseña es personal y que no se la puedes dar. Si quieres darle alguna explicación más es opcional pero no mejorará la situación. No lo va a entender y tendrás que enfrentarte a preguntas como “¿Que tienes que esconder?” Pero esto forma parte de los sinsentidos que aderezan cualquier relación de pareja. Al menos piensa que te has mantenido firme y que tu contraseña sigue estando a buen recaudo.

Quizás te sientas identificado con estas situaciones o quizás no, pero ten las estrategias en mente. Porque si tienes pareja y ordenador, no tardarás en verte en una situación donde esta información será muy útil.

Los tengo que dejar. Mi mujer me pide el ordenador para mirar no se qué. Por si las moscas, le dejo la cuenta desbloqueda.

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Hace algo más de un mes recibí en mi móvil una llamada que procedía de un número desconocido. Supuse que tenía por objeto incitarme al cambio de operador de telefonía móvil o recibir de regalo una tarjeta de crédito por ser el cliente del año de un banco del que no soy cliente. Así que dejé que sonara. A los pocos segundos entró un SMS informándome que tenía un mensaje en el buzón de voz. Al escucharlo descubrí que una persona que desconocía, había recibido muy buenas referencias profesionales mías y que necesitaba una colaboración para encargarme del streaming de un evento que no me sonaba de nada. En cuanto tuve un PC delante busqué la empresa y el evento en la red y me informe antes de decidir si devolver la llamada o no. Finalmente lo hice y tras una conversación de 5 minutos concreté una entrevista con esta persona.  La entrevista duró no más de media hora y al calor y sabor de un té me fueron explicando la esencia u objetivo de aquel extraño evento sin ánimo de lucro pero que representaba una filosofía en si mismo. A pesar de ser una colaboración totalmente desinteresada, mi nivel de trabajo en la televisión y del escaso tiempo que dedico a mi familia acepté la propuesta. El compromiso quedo sellado con un “Cuenta conmigo” y un apretón de manos. Esta semana he tenido el inmenso e inesperado placer de colaborar de manera desinteresada con el evento TEDx Canarias a través de Learn and Show. Sinceramente no soy un especialista en streaming, pero gracias a mis conocimientos de televisión y a la colaboración de dos compañeros y sin embargo amigos,  ha sido un trabajo gratificante y relativamente sencillo. Alguno puede pensar que ha sido una perdida de tiempo pero a toro pasado puedo decir que todo lo contrario. El aceptar este trabajo me ha permitido sacar la cabeza y coger un poco de aire. Aire fresco y olfatear la realidad que se vive fuera del mundo de la televisión. Salir de mi burbuja de seguridad donde todo está controlado y arriesgar en algo que era nuevo para mi. Conocer gente  nueva. Hacer contactos. Pero a pesar de la nula retribución económica me siento muy bien pagado por la experiencia adquirida y sobre todo por una palabra “GRACIAS”. Cuando los responsables del evento se plantaban ante mi me estrechaban la mano y mirándome a los ojos pronunciaban la palabra mágica, me daba cuenta de que no necesitaba ninguna otra compensación para dar el esfuerzo por bien empleado. Y es que realmente, cuando haces las cosas por vocación, con ganas, ilusión y superas un reto que has decidido aceptar sin tener la necesidad de hacerlo, esa palabra es la guinda que corona el pastel. Y te das cuenta de que hay muchas veces que eres tú el que tienes que decirla y que dada su importancia es fundamental no olvidarla aunque el receptor esté haciendo su trabajo. Porque sencillamente es la diferencia entre irte a casa vacío o irte lleno de satisfacción. Y es una sóla palabra. “GRACIAS”. Procuraré no olvidarme de pronunciarla nunca más.